miércoles, 13 de enero de 2021

Las competencias transversales del Currículo Nacional contra la pobreza

 Por Andrés Agüero

El fin del 2020 provocó diferentes reflexiones. Repensamos nuestra vida personal (quizá por lo cotidiana que se ha vuelto la muerte), y también la profesional ya que muchos aprendimos a dar clases desde una computadora, a través de mensajes de Whatsapp o valiéndonos de innumerables medios y recursos electrónicos .

Sin embargo, los docentes que alguna vez hemos trabajado con estudiantes de quinto de secundaria sabemos que la despedida de las promociones es especial.  Nos enternecemos quizá debido a que nos recuerda a nosotros a esa misma edad. 

No obstante, un análisis menos sentimental de los egresados de la escuela pública nos oprimirá el corazón. Esto porque la mayoría está siendo arrojada a una crisis sanitaria y económica terrible. Además, debido que la situación de pobreza de muchas familias no permitirá que estos jóvenes reciban educación técnica ni superior.  La consecuencia lógica y triste será la repetición de un ciclo de pobreza de cuál el Estado es el gran responsable.

Por supuesto, cuando se trata de criticar a la escuela pública los primeros ajusticiados solemos ser los docentes.  Los adjetivos ya los conocemos y creo que durante muchos años los llevamos con estoicismo. Pero responder a los insultos o caer en la confrontación es algo que no aporta soluciones.

En cambio, la reflexión sobre el rol que jugamos en la vida económica de nuestros estudiantes sí es importante. Hacernos preguntas como ¿lo que enseñamos les ayudará a encontrar mejores oportunidades laborales? O al terminar quinto, ¿poseerán una cultura de innovación que les permita crear nuevas tecnologías o servicios para salir de la pobreza?  Creo que lamentablemente la respuesta es no.

Una estrategia para encarar esta coyuntura es el desarrollo de las competencias transversales: gestiona su aprendizaje de manera autónoma y se desenvuelve en entornos virtuales.

La primera porque el autoaprendizaje los pondrá en contacto de manera estratégica con el conocimiento. Aprenderán por sí mismos utilizando los pocos o muchos medios que dispongan.  Si cada una de nuestras sesiones se convierte en un reto de autoaprendizaje, entonces los estudiantes más vulnerables, cuando ya no tengan a sus profesores del colegio y no puedan pagar a otros, serán sus propios maestros y quizá se enseñen alguna habilidad con demanda laboral para mejorar su situación económica.  

La segunda de las competencias, la relacionada con los entornos virtuales, los preparará para acceder a un conocimiento útil, actualizado y valioso a través de los muchos repositorios gratuitos o de paga, programas o aplicaciones que, en comparación con institutos o universidades, son muy económicos.  Así usarán la tecnología para algo más que jugar y entretenerse con las redes sociales. 

En conclusión, considero que el trabajo pedagógico serio en estas dos competencias brindarán herramientas que no van a salvar de la situación económica tan difícil que atraviesan muchos de nuestros estudiantes y sus familias; pero sí los pueden ayudar para no ser siempre la mano de obra joven y barata que los inescrupulosos explotan.


4 comentarios:

  1. Te felicito, por ese análisis breve de esas competencias, sin embargo, considero que antes que nuestros y nuestras estudiantes lo logren, deberíamos empezar por nosotros mismos,haciéndonos la siguiente pregunta ¿Estamos realmente preparados para evaluar las competencias 28 y 29?

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  2. Concuerdo contigo, creo que es importante analizar el nivel de desarrollo de esas competencias en nosotros mismos. Así podremos trabajar en corregir nuestras debilidades y potenciar nuestras fortalezas.

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  3. Interesante información que lleva a la reflexión. Gracias por su aporte profesor Andrés.

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