sábado, 28 de noviembre de 2020

La evaluación en la escuela en tiempos de covid19

 Por Andrés Agüero



Las evaluaciones son quizá uno de los momentos más temidos por los estudiantes y el procesamiento de la información uno de los más tediosos para los docentes.  Resolver un examen o una prueba y el revisar las respuestas es, tradicionalmente, la parte menos divertida del proceso educativo.

Durante la pandemia covid19 hemos observado que el principal aliado de la evaluación tradicional, la vigilancia de los profesores se ha desvanecido.  En esta dinámica de educación remota los docentes no podemos verificar que los estudiantes no se valgan de libros, anotaciones, ordenadores u otras personas que les digan las respuestas correctas. Y los profesores no podemos hacer nada contra eso.

La respuesta a esta coyuntura debe ser, por supuesto, modernizar la evaluación tradicional.  Esto implica un cambio de paradigma evaluativo que viene ocurriendo desde hace ya varios años.  Muchas instituciones educativas (incluyendo las escuelas públicas) han optado por modelos de evaluación basada en el diseño de productos que obligan al estudiante a poner en juego diversas competencias.

Asimismo, se ha optado por diferenciar claramente la evaluación sumativa de la formativa.  La primera es aquella que es una simple descripción numérica o literal que, se supone, refleja el rendimiento de los estudiantes (como se evaluaba en la vieja escuela).  La segunda es una descripción referida a desempeños que están vinculados a la competencia que un estudiante debe de lograr. Decirle de manera clara qué es aquello que ha logrado y qué aspectos todavía debe trabajar para mejorar sus desempeños.

Por supuesto estas dos caras de la evaluación hace muchas veces que el proceso sea bastante complejo y difícil de realizar de manera presencial, mucho más si tiene que hacerse en la modalidad remota en la que venimos trabajando en el contexto actual.

Por ello, consideramos que es necesario seguir algunos procesos para que la evaluación formativa no sea un conjunto de trabajos arduos e infructuosos. Recuerde que este tipo de evaluación implica un cambio cultural debido a que los estudiantes, los padres de familia y nosotros mismos hemos crecido con un paradigma de evaluación diferente. Por supuesto, todas estas sugerencias son difíciles de implementar, más aún en época de pandemia, porque requieren de un esfuerzo conjunto e individual.  Si en su centro de trabajo existe la posibilidad de continuar mejorando la evaluación formativa y afinando sus proceso e instrumentos asuma con entusiasmo y responsabilidad el trabajo.  Si aún no se realiza, empiece por planificar y realizar pequeños cambios en su curso. 

1.       Alinee el proceso de evaluación a las competencias.  Recuerde que la evaluación no consiste en colocar unos ejercicios sobre un tema y pedirles a los estudiantes que los resuelvan o mandarlos a realizar un trabajo que usted evaluará sin criterios claros.  Los indicadores o desempeños que usted va a pedir deben estar relacionados con la competencia que va a trabajar.  Esto implica que usted ha realizado una planificación anterior y tiene definidas las competencias, capacidades y desempeños que va a trabajar con sus estudiantes.

2.       Explique a los estudiantes qué producto van a diseñar y cómo se va a evaluar este producto. Es necesario que los estudiantes tengan claro qué producto van a diseñar y qué características debe tener este producto.  De esa manera se fijan los criterios de evaluación desde antes de empezar a realizar el trabajo. Esto evitará criterios subjetivos al momento de evaluar y que los instrumentos de evaluación deben ser entendidos principalmente por los estudiantes.

3.       Comunique a los padres la manera en que se realizará la evaluación.  Los padres de familia deben ser los aliados más importantes en el proceso educativo.  Se les debe explicar a muchos que la evaluación es distinta.  Lo que se evalúa es aquellos criterios que están fijados con anterioridad en el instrumento elegido.  De esta manera, ellos no estarán inquietos ni tendrán incertidumbre acerca de las calificaciones de los estudiantes.

4.       Explique que las evaluaciones tienen principalmente un carácter formativo.  Es importante comunicar que si un estudiante obtiene un desempeño no satisfactorio no significa que sea un mal estudiante ni que todo su trabajo esté mal realizado, sino que hay aspectos que tiene que mejorar y que otras actividades le permitirán volver a utilizar las competencias evaluadas. Por ejemplo, si un estudiante no utilizó adecuadamente las imágenes que deben componer un tríptico, o no logró expresar de manera correcta en expresiones matemáticas un determinado problema, otras actividades futuras le permitirán utilizar su competencia de manera adecuada.

5.       Brinde retroalimentación de manera oportuna.  Es necesario que los estudiantes que tengan dudas o que no estén realizando los procesos de acuerdo con las indicaciones brindadas reciban preguntas del docente que puedan ayudarlos a reflexionar acerca de si están realizando el trabajo según los indicadores dados.

6.       Comunique da manera oportuna y asertiva los resultados de la evaluación.  Es importante que cuando se ha terminado el periodo para diseñar el producto (que puede implicar más de una sesión) se realice una evaluación y que los estudiantes reciban los resultados que han logrado.  Es importante no disfrazar los resultados.  No hay nada más dañino que mentirle a una persona acerca de sus resultados, si no sabe en qué falló entonces no tendrá la oportunidad de corregirse.  Por supuesto, hay que comunicarse con mucho tacto, recordemos que todos estamos aprendiendo y que nuestros procesos y productos no son perfectos, siempre lo podemos hacer mejor.

7.       Fomente una cultura de “he ganado un error”. Castigar el error ha sido la manera tradicional de enseñar.  Darle un castigo o nota desaprobatoria para quien no logró el objetivo no solo ahuyenta a los estudiantes de querer seguir participando del curso, sino que también no les dice nada acerca de en qué aspectos de su desempeño deben de corregir.  Aliente el error, pero el error que es descubierto por los mismos estudiantes, en términos bíblicos, pídales que encuentren la paja en su propio ojo.

8.       Valore el trabajo duro y la responsabilidad.  La evaluación formativa no significa, de ninguna manera, que se premie la irresponsabilidad y la indiferencia con el trabajo.  Si, como docentes, permitimos que quienes se esfuerzan obtengan las mismas consecuencias que quienes se muestran indiferentes entonces desanimaremos a aquello que trabajan con responsabilidad y ahínco.  Por supuesto, si un estudiante no quiere realizar las actividades es muy probable que el curso no sea el problema, que exista algún factor que no identificamos, pero esto no puede eximir de responsabilidad a los estudiantes.  Ellos deben aprender que el trabajo duro se recompensa y que toda acción trae una consecuencia.  No abandonemos este aspecto del viejo paradigma.

9.       Evalúe su proceso de evaluación.  Recuerde que al terminar el trabajo usted también debe de evaluar su proceso.  Determine cuántos estudiantes lograron el nivel destacado, el satisfactorio, el de proceso y el de inicio.  Pregúntense si las actividades que planteó y las características que debía tener el producto eran adecuadas para el nivel de desarrollo de sus estudiantes, quizá deba disminuir la demanda cognitiva o aumentarla.  Estas decisiones solo pueden tomarse si se realiza un proceso de evaluación consciente.

Lo peor que podemos hacer los docentes es resignarnos a evaluar de manera tradicional.  Ese tipo de evaluación favorece el plagio (que es una de las formas más tristes de corrupción) el desánimo de los estudiantes, el aburrimiento en los docentes y la desorientación de los padres. 

La evaluación es uno de los motores del cambio del sistema educativo. El proceso es lento y arduo porque implica un cambio cultural, pero vale la pena.  Cuando los estudiantes se acostumbran a que no serán evaluados con un examen tradicional, cuando tienen que realizar un proyecto que implica tecnología o nuevas herramientas poco a poco asumen una postura activa en su aprendizaje.

Por último, no se abrume si al primer intento las cosas no salen bien.  Recuerde que, aunque es profesor, usted también está aprendiendo y se va a equivocar. Y, como dicen los españoles, no pasa nada, siempre se puede volver a empezar. 




viernes, 27 de noviembre de 2020

Cinco pasos para una comunicación efectiva entre profesores y estudiantes

Por Andrés Agüero



La comunicación es uno de los procesos más complejos que existe en la naturaleza.  Gracias a ella las plantas pueden dar sus frutos, las abejas producir la miel y una madre le puede transmitir con su sonrisa tranquilidad su pequeño hijo.   

Este fenómeno se define como la transmisión de información entre dos o más objetos o seres.  Puede ser voluntaria o involuntaria, por eso es imposible no comunicar.  Nuestra forma de vestir, caminar, nuestro olor, un paisaje, el sonido de los grillos por la noche, todo emite mensajes.  La interpretación de estos depende, en gran medida, de quienes los reciben.

El contexto de pandemia ha modificado muchos aspectos de nuestras vidas.  Uno de ellos ha sido el de la comunicación.  Tenemos que utilizar canales que no eran habituales e intentan reemplazar la presencialidad.    

El mundo de la educación está aprendiendo a comunicarse en esta nueva normalidad.  El reto no resulta sencillo pues, como todos los maestros saben, toda adquisición mental implica tiempo y esfuerzo para dominar una nueva habilidad.   

Por eso, sobre todo en un contexto de educación a distancia en medio de la pandemia del covid19, es importante tener un propósito pedagógico claro y potente.  Definirlo es vital para que nuestro mensaje como profesores llegue de manera adecuada.

Líneas abajo, le brindamos algunas sugerencias para tener una comunicación efectiva como docente.

El primer paso es recordar que nuestro principal objetivo es el desarrollo de competencias en nuestros estudiantes.  Esto es enseñarles no solo a saber, sino a hacer (tomar acción basados en conocimientos) y a ser buenos seres humanos en el sentido ético de la palabra. Este objetivo debe adaptarse a la realidad de cada colegio, salón y estudiante.

Lo segundo es definir el conjunto de competencias que le corresponden a nuestras áreas pedagógicas.  Por ejemplo, en Comunicación el objetivo central es que nuestros estudiantes aprendan a hablar, leer y escribir de manera competente, o sea, adaptando sus recursos comunicativos a los diferentes contextos en que se van a desenvolver en la vida real.

El tercer paso para realizar una comunicación efectiva es la planificación de acciones pedagógicas.  Cada una de las actividades que programamos como docentes debe estar alineada con el desarrollo de las competencias de nuestra área. Habitualmente estas actividades son retos, la solución de tareas que un estudiante encontrará en su vida diaria.  Por ejemplo: el diseño de un tríptico para explicar cómo protegerse del covid19, un audio con el cual puede dar instrucciones a sus compañeros o familiares, el cálculo del dinero que hay que pagar por el consumo de cada electrodoméstico o participar en un debate acerca del racismo o la situación de las mujeres en una sociedad machista.

El cuarto paso es la redacción de los mensajes para que nuestros estudiantes empiecen a realizar las actividades. Una vez que hayamos definido el reto podremos escribir la primera versión de nuestros mensajes de manera efectiva. No improvise sus indicaciones porque esto le va a traer como consecuencia tener que repetirlos más veces de lo necesario.  Para ello podemos tener en cuenta lo siguiente: 

El quinto y último paso es evaluar su rol como emisor.  Esto implica que reflexione acerca de cuántas veces ha tenido que repetir el mensaje.  En muchas ocasiones el problema no es la redacción, sino también los canales.  En otras, escribir su mensaje como una imagen hace que los estudiantes recuerden mejor las indicaciones o que la puedan ubicar de manera rápida.  Otros contextos pueden exigir que utilice audios o videos, aunque estos últimos demanden más esfuerzo. 

Saber que nuestro propósito es el desarrollo de las habilidades de nuestros estudiantes implica que hemos comprendido que no todos van a tener desempeños iguales o similares, que son diferentes y que nuestra misión, más que la de un transmisor de información, es la de un soporte emocional para cada uno de ellos.  Que aprendan que con sus recursos deben hacer su propio camino, a su manera, y que siempre podrán contar con nosotros para afrontar las dificultades que encuentren. También hay que explicar que no sabemos todas las respuestas, pero que podemos buscarlas juntos.

A continuar con la dura labor de educar, de apoyar a los chicos que empiezan su camino en el colegio, el instituto o la universidad.  Todos sabemos que tener un guía, a lo Virgilio para Dante, facilita y, a veces, hasta hace dulce el camino de la vida.

1.       Explique con claridad cuál va a ser el reto y el producto que los estudiantes van a lograr al finalizar la sesión. Por ejemplo: En esta sesión vamos a concientizar a las personas acerca de la necesidad del uso de productos de limpieza en el hogar (reto) para eso diseñaremos una infografía (producto).

2.       Brinde de manera breve y clara las instrucciones para la actividad.  Estas indicaciones deben de estar redactadas en oraciones simples, de preferencia utilizando el verbo en modo imperativo.  Por ejemplo: 1. Observe con atención las imágenes del texto. 2. Lea con atención el texto. 3. Determine la idea principal de cada párrafo.

3.       Enumere o liste los pasos para lograr el producto de la sesión. Estos deben estar escritos de la manera sencilla y clara.  Recuerde que quien lee un texto no está cerca del emisor y no puede consultarle qué quiso decir, por ello es necesario que las indicaciones no causen confusión.

4.       Revise la redacción de sus mensajes.  Es importante no enviar lo primero de escribe.  Haga un borrador, pida a otro colega que lea las instrucciones para cerciorarse de que el mensaje se entiende de manera clara y no genera confusiones.

5.       Responda a las preguntas de sus estudiantes con otras preguntas.  Cuando le digan qué debo hacer o le consulten si el trabajo está bien hecho repregunte.  Por ejemplo: ¿Has leído las instrucciones que he brindado?, ¿qué es lo que sí has entendido de todo lo que está en el mensaje?, ¿qué pasos debes seguir para realizar la actividad? La repregunta hace lento el proceso de comunicación, pero a largo plazo fomenta que los estudiantes aprendan a repreguntarse a ellos mismos, lo que desarrolla su autonomía.

6.       Repita las veces que sus alumnos le digan que no han entendido.  La reiteración del mensaje es necesaria para que puedan captar qué y cómo deben realizar las actividades. También es útil para que usted pueda saber en qué está fallando como emisor.

El quinto y último paso es evaluar su rol como emisor.  Esto implica que reflexione acerca de cuántas veces ha tenido que repetir el mensaje.  En muchas ocasiones el problema no es la redacción, sino también los canales.  En otras, escribir su mensaje como una imagen hace que los estudiantes recuerden mejor las indicaciones o que la puedan ubicar de manera rápida.  Otros contextos pueden exigir que utilice audios o videos, aunque estos últimos demanden más esfuerzo. 

Saber que nuestro propósito es el desarrollo de las habilidades de nuestros estudiantes implica que hemos comprendido que no todos van a tener desempeños iguales o similares, que son diferentes y que nuestra misión, más que la de un transmisor de información, es la de un soporte emocional para cada uno de ellos.  Que aprendan que con sus recursos deben hacer su propio camino, a su manera, y que siempre podrán contar con nosotros para afrontar las dificultades que encuentren. También hay que explicar que no sabemos todas las respuestas, pero que podemos buscarlas juntos.

A continuar con la dura labor de educar, de apoyar a los chicos que empiezan su camino en el colegio, el instituto o la universidad.  Todos sabemos que tener un guía, a lo Virgilio para Dante, facilita y hasta hace dulce el camino de la vida. 

Imagen tomada de https://files.pucp.education/puntoedu/wp-content/uploads/2019/07/04160509/PROF-2-690x468.jpg