Por Andrés Agüero
Sin embargo,
para que los docentes, los estudiantes, los padres y madres de familia y las autoridades educativas podamos iniciar un diálogo constructivo, es necesario
tener reglas de convivencia bastante generales e inclusivas. Estas reglas o principios están enunciados en
las primeras páginas del Currículo Nacional de Educación Básica (CNEB).
Una de las primeras declaraciones de este documento nos refiere que la educación es un acompañamiento para que cada uno de los estudiantes forme sus propias estructuras mentales. Esta declaración rompe con la educación tradicional que predicaba una forma correcta de pensar que los alumnos estaban obligados a aceptar y obedecer. En ese mismo sentido, el CNEB declara que cada niño, adolescente o joven que estudie en el Perú debe edificar su propia concepción del mundo.
Esto involucra que no se debe estandarizar a los seres humanos, adoctrinarlos y hacerlos pensar de una determinada manera. Por el contrario, fomenta una reflexión seria sobre la diversidad social con el fin de solucionar problemas y convivir en armonía. Asimismo, contiene también la idea del respeto por quien tiene menos poder y piensa diferente de nosotros. Es decir, reemplaza una educación de modelo autoritario por una más democrática, inclusiva y con equidad.
Por supuesto, implementar este
solo primer párrafo conlleva una dificultad compleja ya que los profesores
hemos sido educados en el paradigma de la tradición arbitraria. No obstante, a muchos esa vieja escuela nos enseñó el
respeto por las generaciones anteriores, el trabajo duro, la seriedad para las
labores, el sacrificio por la familia y la patria. Todos
ellos son bienes muy preciados para mi generación, así que muchos no están dispuestos a renunciar al viejo modelo (y creo que no deberíamos estarlo).
Además, lo duro
y traumático para algunos es que supuestamente este documento del Minedu nos dice
que esa forma de enseñanza ya no debe existir.
Entonces, numerosos docentes y padres creen que esta especie de “democracia moderna”
que los estudiantes aprenden alentados no solo por las redes sociales y el mundo actual, sino también por el nuevo Currículo no es buena, ya que, entre otras cosas, solo les recalca sus derechos,
pero no sus obligaciones.
Sin embargo,
creo que esa es una lectura incompleta.
Si bien el CNEB propone un modelo democrático de respeto por la
diferencia, este no excluye una educación que también reflexione sobre las
obligaciones que todos los ciudadanos debemos cumplir.
Asimismo, no es cierto que
el nuevo Currículo rechace aquellos viejos valores que aprendimos y que le dan
unidad a nuestra sociedad. Lo que nos
pide es que para enseñarlos no utilicemos el miedo y el látigo; sino la palabra,
el respeto por los otros y la inteligencia de cada uno por más pequeño o grande que sea.
Para concluir, no
olvidemos que las viejas generaciones debemos dejar no solo bienes materiales o
una economía sólida; sino, y sobre todo, los valores que nos ayudaron a convivir
y a forjar una sociedad mejor que la que nos fue entregada. La tarea es dura, maestros, porque tenemos que hacerla de una manera que no practicaron con nosotros; pero podemos lograrla. Esa fue la lección
que aprendimos desde niños.
