miércoles, 13 de enero de 2021

El Currículo Nacional de Educación Básica (CNEB) y su visión democrática de la educación

Por Andrés Agüero

El término educación implica dificultades bastante complejas de superar. Una de ellas es que está vinculado a diversos y hasta contradictorios valores familiares y sociales, creencias religiosas e incluso a modelos de desarrollo económico de una sociedad.  

Es en medio de esta complejidad y diversidad, que generará inevitables conflictos,  donde los docentes deben realizar su práctica cotidiana.

Sin embargo, para que los docentes, los estudiantes, los padres y madres de familia y las autoridades educativas podamos iniciar un diálogo constructivo, es necesario tener reglas de convivencia bastante generales e inclusivas.  Estas reglas o principios están enunciados en las primeras páginas del Currículo Nacional de Educación Básica (CNEB).

Una de las primeras declaraciones de este documento nos refiere que la educación es un acompañamiento para que cada uno de los estudiantes forme sus propias estructuras mentales.  Esta declaración rompe con la educación tradicional que predicaba una forma correcta de pensar que los alumnos estaban obligados a aceptar y obedecer.  En ese mismo sentido, el CNEB declara que cada niño, adolescente o joven que estudie en el Perú debe edificar su propia concepción del mundo.  

Esto involucra que no se debe estandarizar  a los seres humanos, adoctrinarlos y hacerlos pensar de una determinada manera.  Por el contrario, fomenta una reflexión seria sobre la diversidad social con el fin de solucionar problemas y convivir en armonía.  Asimismo, contiene también la idea del respeto por quien tiene menos poder y piensa diferente de nosotros.  Es decir, reemplaza una educación de modelo autoritario por una más democrática, inclusiva y con equidad.

Por supuesto, implementar este solo primer párrafo conlleva una dificultad compleja ya que los profesores hemos sido educados en el paradigma de la tradición arbitraria.  No obstante, a muchos esa vieja escuela nos enseñó el respeto por las generaciones anteriores, el trabajo duro, la seriedad para las labores, el sacrificio por la familia y la patria.   Todos ellos son bienes muy preciados para mi generación, así que muchos no están dispuestos a renunciar al viejo modelo (y creo que no deberíamos estarlo).

Además, lo duro y traumático para algunos es que supuestamente este documento del Minedu nos dice que esa forma de enseñanza ya no debe existir.  Entonces, numerosos docentes y padres creen que esta especie de “democracia moderna” que los estudiantes aprenden alentados no solo por las redes sociales y el mundo actual, sino también por el nuevo Currículo no es buena, ya que, entre otras cosas, solo les recalca sus derechos, pero no sus obligaciones.

Sin embargo, creo que esa es una lectura incompleta.  Si bien el CNEB propone un modelo democrático de respeto por la diferencia, este no excluye una educación que también reflexione sobre las obligaciones que todos los ciudadanos debemos cumplir. 

Asimismo, no es cierto que el nuevo Currículo rechace aquellos viejos valores que aprendimos y que le dan unidad a nuestra sociedad.  Lo que nos pide es que para enseñarlos no utilicemos el miedo y el látigo; sino la palabra, el respeto por los otros y la inteligencia de cada uno por más pequeño o grande que sea.

Para concluir, no olvidemos que las viejas generaciones debemos dejar no solo bienes materiales o una economía sólida; sino, y sobre todo, los valores que nos ayudaron a convivir y a forjar una sociedad mejor que la que nos fue entregada.  La tarea es dura, maestros, porque tenemos que hacerla de una manera que no practicaron con nosotros; pero podemos lograrla.  Esa fue la lección que aprendimos desde niños.


Las competencias transversales del Currículo Nacional contra la pobreza

 Por Andrés Agüero

El fin del 2020 provocó diferentes reflexiones. Repensamos nuestra vida personal (quizá por lo cotidiana que se ha vuelto la muerte), y también la profesional ya que muchos aprendimos a dar clases desde una computadora, a través de mensajes de Whatsapp o valiéndonos de innumerables medios y recursos electrónicos .

Sin embargo, los docentes que alguna vez hemos trabajado con estudiantes de quinto de secundaria sabemos que la despedida de las promociones es especial.  Nos enternecemos quizá debido a que nos recuerda a nosotros a esa misma edad. 

No obstante, un análisis menos sentimental de los egresados de la escuela pública nos oprimirá el corazón. Esto porque la mayoría está siendo arrojada a una crisis sanitaria y económica terrible. Además, debido que la situación de pobreza de muchas familias no permitirá que estos jóvenes reciban educación técnica ni superior.  La consecuencia lógica y triste será la repetición de un ciclo de pobreza de cuál el Estado es el gran responsable.

Por supuesto, cuando se trata de criticar a la escuela pública los primeros ajusticiados solemos ser los docentes.  Los adjetivos ya los conocemos y creo que durante muchos años los llevamos con estoicismo. Pero responder a los insultos o caer en la confrontación es algo que no aporta soluciones.

En cambio, la reflexión sobre el rol que jugamos en la vida económica de nuestros estudiantes sí es importante. Hacernos preguntas como ¿lo que enseñamos les ayudará a encontrar mejores oportunidades laborales? O al terminar quinto, ¿poseerán una cultura de innovación que les permita crear nuevas tecnologías o servicios para salir de la pobreza?  Creo que lamentablemente la respuesta es no.

Una estrategia para encarar esta coyuntura es el desarrollo de las competencias transversales: gestiona su aprendizaje de manera autónoma y se desenvuelve en entornos virtuales.

La primera porque el autoaprendizaje los pondrá en contacto de manera estratégica con el conocimiento. Aprenderán por sí mismos utilizando los pocos o muchos medios que dispongan.  Si cada una de nuestras sesiones se convierte en un reto de autoaprendizaje, entonces los estudiantes más vulnerables, cuando ya no tengan a sus profesores del colegio y no puedan pagar a otros, serán sus propios maestros y quizá se enseñen alguna habilidad con demanda laboral para mejorar su situación económica.  

La segunda de las competencias, la relacionada con los entornos virtuales, los preparará para acceder a un conocimiento útil, actualizado y valioso a través de los muchos repositorios gratuitos o de paga, programas o aplicaciones que, en comparación con institutos o universidades, son muy económicos.  Así usarán la tecnología para algo más que jugar y entretenerse con las redes sociales. 

En conclusión, considero que el trabajo pedagógico serio en estas dos competencias brindarán herramientas que no van a salvar de la situación económica tan difícil que atraviesan muchos de nuestros estudiantes y sus familias; pero sí los pueden ayudar para no ser siempre la mano de obra joven y barata que los inescrupulosos explotan.